La noche dónde todo se transforma.

El sábado 1 de agosto de 2015, al caer la noche, la luna llena se posaba sobre los edificios de Hato Rey. Una brisa fresca le deba un toque especial a aquel rincón de ciudad. Desde diferentes calles, la gente caminaba entre sonrisas y conversaciones de camino al Coliseo José Miguel Agrelot de Puerto Rico, al tan esperado concierto de Jorge Drexler y su invitado especial Luciano Supervielle.

Al entrar al Coliseo, una tarima a baja altura y sin valla de seguridad, daba un sentido de intimidad. La gente iba entrando y tomando sus asientos. De un lado a otro se veía y escuchaban saludos. Gente de toda la isla, tanto amantes de la música así como otros músicos, vivían la ansiedad de la espera del tan esperado momento mientras en la tarima el equipo técnico daba los últimos toques.

De pronto y sin previo aviso, se apagaron las luces del Coliseo. En la tarima, cinco siluetas tomaban su lugar. Al encenderse la luz, los aplausos del público no se hicieron esperar para recibir a quienes abrirían el concierto: La Banda Acústica Rodante, quien contó como integrante especial de invitado con José Jorge Medina. Con su acostumbrado espectro de ritmos en las voces, letras de las canciones e instrumentos, interpretaron las canciones: “Todavía”, “A dónde voy”, #24”, “HF”, “No cantaré” y “Nada particular” la cual dedicaron pidiendo la excarcelación del preso político Oscar López Rivera. El público aplaudió, cantó y se llenó de energías para una noche que sería intensa.

Al terminar la Banda Acústica Rodante, se volvieron a encender las luces de Coliseo. Luego de breve receso, se volvieron a apagar las luces y desde la oscuridad comenzaron a sonar los acordes de la canción “Causa y efecto” la cual puso al público en la punta de sus asientos y que provocó un estruendoso aplauso. Luego de decir emocionado “Buenas noches Borinquen”, Jorge Drexler interpretó “Polvo de estrellas”, “Sanar”, “El pianista de guetto de Varsovia” con gran energía acompañado en el piano, órgano y sonidos electrónicos por Luciano Supervielle. Al terminar esta última canción, Drexler dio la bienvenida oficial al concierto diciendo ““Buenas noches Borinquen” y visiblemente sentido, agradeció el esfuerzo de la gente por haber comprado las taquillas y estado allí reconociendo el problema económico que pasa Puerto Rico.

Seguido de ese cálido saludo, Luciano Supervielle  interpretó “Felisberto” a piano. Drexler continuó el viaje musical con: “La edad del cielo”, “Perfume”, “Eco”, “Fusión” y “Sea”. Luego de esta última, conversó con el público jugando con la palabra “jevo” que alguien del público le gritó. Entre sonrisas y con guitarra en mano, interpretó “Mi guitarra y vos” y “Al otro lado del río”. Para comenzar su próxima canción, reconoció la importancia que había tenido en él la poética del poeta puertorriqueño Juan Antonio Corretjer a quién le dedicó la canción “Milonga del moro judío”.

Luego de los merecidos aplausos por esta canción, Drexler contó la anécdota de cuando conoció la música de Sylvia Rexach e invitó a pasar a tarima a cantar con él a Ileana Cabra de la banda Calle 13. En una versión original y a dúo, interpretaron magistralmente la canción “Olas y arena” la cual robó del público un efusivo aplauso. Seguido, Drexler invitó a tarima a Luciano Supervielle para que interpretara la canción de éste último “A dónde van los pájaros” de éste último.

Anunciando que el concierto estaba llegando a su fin, Drexler cantó “Se va, se va, se fue”. Para el próximo número, invitó a tarima al baterista de la banda Calle 13, Ismael Cancel, para interpretar “Universos paralelos”. Siguió con la canción “Deseo” la cual interpretó a ritmo de cumbia con Cancel en la batería y también con Andrés Cruz, de Calle 13, en la percusión y en la cual le pidió al público que se pudiera de pie para bailar. Se despidió cantando “Luna de Rasqui” luego de contar la historia de la canción.

Al desaparecer tras las cortinas negras, un público puesto de pie coreó efusivamente “otra”. Luego de unos minutos apareció Drexler junto con Luciano y los músicos de Calle 13. Agradeció de nuevo el calor humano y la velada e interpretaron “Bailar en la cueva” y “Bolivia” con cual volvió a despedirse, pero el público siguió pidiendo otra; Algo le falta a su repertorio. Así ante el clamor, volvió a tarima con una gran sonrisa y pidió pasar a tarima la Banda Acústica Rodante y junto con ellos cerraron la noche cantando “Todo se trasforma”.

En la tarima, todos abrazados se despidieron del pueblo puertorriqueño. La gente cantó y Drexler disfrutó de escucharlos, también silbaron, aplaudieron, vivieron la velada. El público se retiró del Coliseo mientras muchos de ellos aún cantaban sus canciones favoritas. El sentimiento de haber vivido algo íntimo, especial, inolvidable, reinaba sobre aquel lugar y en cada rostro. Drexler con sus letras y voz, Laciano con su mar de ritmos electrónicos, el juego de luces, la presencia de la Banda Acústica Rodante, Ileana Cabra, Ismael Cancel y Andrés Cruz, llevaron a todos a vivir sentimientos profundos, a revivir historias, sentirse más humanos. Música, historias y poesía se fusionaron para perfumar con dulzura y sabrosura una noche, como pocas, que jamás será olvidada por todos y todas quienes viajaron con Drexler a la esencia de la belleza.

La noche terminó bajo la misma luna llena con la que entramos, pero sabiéndonos todos que ya no éramos ni nunca volveríamos a ser los mismos porque nada se pierde, todo se trasforma.